no podría decir que me encanta la marimba

sin embargo, cada cierto tiempo
un grupo de marimba viene a tocar afuera del edificio donde vivo
la música sube hasta mi departamento

a veces tomo un billete y salgo al balcón
y se los aviento desde el tercer piso

el sobre donde pongo el billete baja
cayendo dando giros en el aire como
si fuera la hojita de un árbol

disfruto salir al balcón y lanzar un billete
y que este con la gravedad llegue hasta la banqueta

a veces está bien que el dinero sea un fenómeno físico

los vendedores de pan que se persignan con la moneda de diez entre los dedos lo sabrán mejor que nadie

yo no lanzo monedas desde el balcón porque sería peligroso






ca-sa

Yo quería que la casa fuera una ventana abierta, pero me enseñaron que era una barricada. Aprendí a poner seguros, a cerrar llaves. Me enseñaron a expulsar el mundo del mundo. A defenderme de enemigos que crecían como yerba mala por donde fuera.                         Se me educó para el miedo, para vivir en la sombra, para no dejar pasar el sol y mirar todo desde adentro donde estaba a salvo. La casa crece extremidades para defenderse de los enemigos. Barrotes, y más barrotes, y vidrios y persianas hacen de la casa un lugar ciego. Porque tal vez la casa está ciega y sólo puede ver su propio miedo colgado en los muros.                 El mundo es un lugar peligroso, el mundo queda fuera de la casa. En la casa el mundo queda expulsado del mundo. Corrijo, la casa cree que puede expulsar el mundo del mundo. Hay anchos muros, enormes y gruesas puertas esperando al enemigo. Puertas pesadas que no se abren nunca. Salir es un acto de valentía. Decir el sol brilla allá afuera desde esta sombra donde ni sol, ni viento. ¿De qué exactamente nos protege la casa? Qué peligros, qué amenazas, qué riesgos dejamos afuera cuando entramos. 

miento
en
movimiento




por eso
es mejor
estarse quieta.