ca-sa

Yo quería que la casa fuera una ventana abierta, pero me enseñaron que era una barricada. Aprendí a poner seguros, a cerrar llaves. Me enseñaron a expulsar el mundo del mundo. A defenderme de enemigos que crecían como yerba mala por donde fuera.                         Se me educó para el miedo, para vivir en la sombra, para no dejar pasar el sol y mirar todo desde adentro donde estaba a salvo. La casa crece extremidades para defenderse de los enemigos. Barrotes, y más barrotes, y vidrios y persianas hacen de la casa un lugar ciego. Porque tal vez la casa está ciega y sólo puede ver su propio miedo colgado en los muros.                 El mundo es un lugar peligroso, el mundo queda fuera de la casa. En la casa el mundo queda expulsado del mundo. Corrijo, la casa cree que puede expulsar el mundo del mundo. Hay anchos muros, enormes y gruesas puertas esperando al enemigo. Puertas pesadas que no se abren nunca. Salir es un acto de valentía. Decir el sol brilla allá afuera desde esta sombra donde ni sol, ni viento. ¿De qué exactamente nos protege la casa? Qué peligros, qué amenazas, qué riesgos dejamos afuera cuando entramos.